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Por Angelux Fecha October 25, 2005 |
Aforismo Nº285 de Federico Nietzsche
“Cuando se siente fuertemente, la injusticia de la propiedad – la aguja mayor marca de nuevo esta hora en el reloj del tiempo –, dos medios acuden a la mente para remediarla: de un lado, un nuevo reparto de los bienes, y
del otro, la supresión de la propiedad y la vuelta al comunismo. Este último procedimiento es, sobre todo, el favorito de nuestros socialistas, que odian sobre todas las cosas a aquel judÃÂo antiguo que decÃÂa: “No robaras”. Según ellos, el octavo mandamiento deberÃÂa, por el contrario, estar concebido en estos términos: “ No poseerás”. En la antigüedad se hicieron muchas tentativas conforme a la primera receta, en pequeña escala, es cierto, pero con éxito tan desdichado que pudiera servirnos de enseñanza provechosa. Muy fácil es decir: “Porciones de tierra iguales
para todos”; ¡Pero cuánta amargura engendran las separaciones y los desgarramientos que este reparto hace necesarios y la pérdida de la antigua y venerable propiedad, cuánta piedad ofendida y sacrificada! Cuando destruimos los limites de las tierras, destruimos la propiedad. Y luego, ¡Qué nuevas amarguras entre los nuevos propietarios, qué envidias, qué miradas envidiosas, cejijuntas! Pues no ha habido jamás lotes de tierra exactamente iguales, y si existiesen, el espÃÂritu celoso de los bienes del vecino no creerÃÂa en ello. Y ¿Cuánto tiempo durarÃÂa esta igualdad malsana, envenenada en sus raÃÂces? Después de algunas generaciones un solo lote habrÃÂa sido transmitido por herencia a cinco cabezas diferentes, y por otra parte, cinco lotes se reunirÃÂan en una sola cabeza. Y en el caso en que se evitasen estos inconvenientes por severas leyes de herencia, los lotes de tierra continuarÃÂan, es verdad, siendo iguales, pero siempre habrÃÂa necesitados y descontentos que no poseerÃÂan más que su envidia de los bienes del vecino y el deseo de la revolución social. Si, por el contrario, según la segunda receta, quisiéramos hacer
propiedad Común, haciendo del individuo un colono temporal, se destruirÃÂa la tierra cultivada. Pues el hombre carece de consideración para lo que no posee más que de una manera pasajera, no hace por ello sacrificios y procede como explorador, como ladrón y como vano dilapidador. Cuando Platón pretendió que la supresión de la propiedad acabarÃÂa con el egoÃÂsmo debió respondérsele que, desaparecido éste, no serÃÂan ciertamente las virtudes cardinales lo que quedarÃÂa; al igual que debe afirmarse que la peor peste no podrÃÂa hacer tanto daño a la humanidad como pretender que desaparezca la vanidad. Sin vanidad y egoÃÂsmo ¿Qué son las virtudes humanas? Con lo cual estoy lejos de decir que éstas sean más caras que aquéllas. La melodÃÂa fundamental y utópica de Platón, que continúan cantando los socialistas, se basa en un conocimiento imperfecto del hombre: ignora la historia de los sentimientos morales, carece de claridad sobre el origen de las buenas cualidades útiles del alma humana.
Lo mismo que toda antigüedad creÃÂa en el bien y el mal como en lo blanco y en lo negro, es decir, en una diferencia radical entre hombre buenos y los malos, entre las buenas y las malas cualidades. Para que en el porvenir tengamos confianza en la propiedad, ésta se considere más moral, es necesario abrir todos los caminos de trabajo que lleven a la “pequeña” fortuna, pero impedir el enriquecimiento fácil y súbito; habrÃÂa que retirar de manos de los particulares todas las ramas de transporte y de comercio que favorecen la acumulación de las “grandes” fortunas, y , ante todo, el tráfico de la moneda, y considerar a los que poseen demasiado como seres peligrosos para la seguridad pública, con el mismo tÃÂtulo que los que no poseen nada”(1). (El aforismo 286 también se lo recomiendo)
(1).- Nietzsche, Friedrich: “El viajero y su sombra”
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5Mentarios.
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